La grandilocuencia de un rey

Con la grandilocuencia de un rey,
se pasea por el parque tras la escuela,
con su voz de pito
no dialoga
y es su sonrisa
el claro presagio
de más de una tormenta.

Como nos decía Mafalda,
en su clarividencia,
el problema de la familia humana
es que todos quieren ser el padre.

Frente a ésto,
Antonio Machado,
nos invita a amar los mundos sutiles
, ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón
y a no aspirar
a liderar ni a juntar poder
.
Ser antagonista al poder,
que el bastión siempre sean la libertad, la bondad y la justicia
y el rechazo de la imposición
en cualquiera de sus facetas.

Volviendo al personaje que nos ocupa...
Cegado por un delirio,
condicionado
por un celos muy fuertes
que si se pasan
por el filtro de la realidad
tienen poca base,
ha actuado
y ha encontrado en la comunidad
solidarios aliados
que lo acompañarán
en la labor redentora
de alejar al lobo malo
de su camada de dóciles ovejitas.

Nada más lejos de lo que sucede.
"¡Duro con él!", le dicen sus camaradas de lucha
y le felicitan por sus tareas
en la comunidad
al frente
del trabajo de maquetador en el Periódico
de la Escuela.
Trabajo encomiable
que no secunda
una mala puesta en escena.

En cuanto a la puesta en escena,
servidor que es humilde tampoco puede dar lecciones
pero sé pedir excusas
cuando lo hago mal.

Habría que ir al origen de la conducta de nuestro protagonista
para ver por qué se produce,
qué tipo de adolescente fué,
cuál fue la relación con sus padres,
y cómo de solo se sintió,
si la vida a pesar de todo con él fue amable.

La grandilocuencia de un rey
tiene que ver con el tamaño de una herida,
si fué mucha, si fué poca,
si no sabe argumentar
de otra manera.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Un cuento serbio en verso (la oscura moral del antihéroe)

Construiremos algo nuevo