Homenaje a Alberti
Amada de metal fino...
Amada de metal fino,
de los más finos cristales. —¿Quién la despertará? —El aire, sólo el aire. De: Marinero en tierra |
Un poema no arregla
una historia maltrecha por el tiempo,
ni siquiera la maquilla.
Hay pasados que conviene enterrar
antes que lo sepulten a uno.
Con el fervor funerario de una despedida
que dura años,
recito el verso
que no quiere desaparecer completamente,
pues amada de metal fino,
significaste algo más que
una invocación a un poema de Alberti.
Pero al igual que el metal
es corroído por el óxido,
la brillantez de una idea
amarillea en el album fotográfico
de la memoria.
¿Por qué a pesar de todo,
resistes en ese rincón donde
nadie más que tú ha estado?
En la ensoñación,
ha intervenido la fantasía,
pero no es una mera
ilusión óptica,
ni siquiera
un punto de gravedad externo
e impreciso
construído
sobre la vacuidad
de un castillo de naipes cualquiera.
He probado las consecuencias,
he medido de cerca la distancia
que me separa del asfalto.
Pero no me importa.
Un hombre / una mujer pueden ser derrotados
pero jamás deben ser destruídos.
Porque... ¿cómo definimos la derrota?
La derrota no es el nombre de una taberna
en la que escanciar el vino.
Es un estado de ánimo.
No seremos derrotados si no nos sentimos
como tales.
Entonces habremos vencido
contra todo pronóstico, parecido al desánimo.
Y habremos probado la hiel de un invierno ingrato.
Habremos oteado el horizonte
que otros y otras no se atrevieron a visualizar.
Habremos rescindido el contrato contra la tristeza
y contra la indiferencia.
Lo habremos intentado.
De tu metal,
quitaría
esa altivez
que es más una inseguridad
cuando te presentas de cara a la galería
y quieres aparentar que nunca sucedió nada.
Del óxido,
suprimiría
la constancia en el desgaste,
la condena
al absoluto desastre,
porque no hay
desastre si no lo asumimos de tal forma.
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