Desescolarizar la escuela

El ruso Ivan Ilyich, entre otros, habló de desescolarizar la escuela. Según éste, la escuela sólo se empeñaba en construir una sociedad de consumo, en lugar de ser un templo del saber y del placer por aprender.
Si nos vamos a su etimología, en el diccionario de la rae, la escuela se define como un lugar público donde se da la instrucción.
La instrucción, el adoctrinamiento, el conocimiento reglado y pautado, construye la sociedad de autómatas programados del que nuestro sistema capitalista se abastece.
Incluso si se tratara de un sistema socialista autoritario, no sería diferente. La fabricación de personas que no tuvieran el más mínimo barniz de espíritu crítico y de libre pensamiento, de oposición a la alta cocina de las editoriales, a los programas infumables que promueve la ley de educación... ¡¡La ley es tuneable!! Nos dicen profesionales altamente cualificados y con dilatada experiencia.

Frente a ésto, muchos padres y madres en la escuela no verían con buenos ojos, que las clases no siguieran el libretto tradicional de la escuela de siempre. Ésa que ellos y ellas conocen, y a la que están acostumbrados, con premios y castigos, con evaluaciones cada trimestre, con notas por la mala conducta y partes por no haber realizado los correspondientes deberes.

Todo muy administrativo, todo muy oficial. Con estadísticas de número de aprobados, e informes de los tests del examen de inglés, con membrete del Trinity College of London, porque seamos sinceros... La competencia en una segunda lengua es importante, pero no es vital.
Los ríos cercanos al barrio, deberían ser aprendidos en la lengua autóctona, en la lengua materna, ¡y no todas las madres hablan inglés en la escuela!
A río revuelto, ganancia de pescadores que reza el refrán español...

Las academias, entes privados, se aprovechan de la indefensión del alumnado más vulnerable,
y hacen su agosto en módicas mensualidades, porque de algo hay que vivir y ésto nos viene bien.

Si el sistema fuera equitativo este tipo de estructuras maliciosas no estarían presentes, y la escuela no necesitaría construir sus potros de tortura al más puro estilo de la inquisición española, para generar auténticos traumas, en ocasiones irreparables, y que le quitan las ganas a cualquiera de establecer un camino hacia adelante o hacia atrás, dependiendo del grado de motivación interna que cada uno posea.

Pero Montessori y compañía aparecen por suerte en algunos colegios ... ¡que han optado por una nueva vía de educación y que apuestan fuerte pese a las dificultades!

Son escuelas que cambian el mundo y a veces ... No están en el sistema público y no pueden acceder a ellas todos y todas los niños y niñas...

¿Lo mejor para los que lo puedan pagar?

Segregación de clases sociales...



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