Yo quisiera regalaros todos los domingos del mundo
Mis queridos niños:
Yo quisiera regalaros todos los domingos del mundo,
lugares parecidos a islas donde los relojes se detienen
y los juegos se eternizan,
donde el placer
es algo más que unas risas,
una adivinanza, un acertijo,
una historia hilarante
que aporta todo un significado.
Para vosotros, todos los domingos
del mundo, los sábados que todavía no han llegado,
los lunes solitarios y fríos,
los martes de combate sobre el asfalto,
los miércoles en los que duelen los piés
ya de por sí encallecidos tras la larga andadura,
los jueves
en los que los autobuses no cesan
de impedir
el avance del tráfico,
los viernes
donde diremos hurra
por saber que por fin
la tarea ha acabado.
Para vosotros, el tiempo presente,
estos versos que os escribo
desde el exilio forzoso
en el que me encuentro.
Las razones del mismo
ya nada importan.
Ahora, importa el hecho
de que yo quisiera regalaros todos los domingos del mundo
y que, para ello,
nos acompañen los almendros y los cerezos
a florecer
sin escarcha
tras la tibia mañana de un marzo
soñoliento y que empieza a despertar.
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