ma non è tutto sotto controllo
Nadie es perfecto
y todos llevamos una completa historia compuesta
de deseos, afectos maternos, ausencias, traumas, pérdidas, etcétera.
En la obra Más allá del principio del placer,
Sigmund Freund,
nos habla de que los estados de ánimo dependen
del principio del placer y éste se convierte en el director
de la orquesta que toma la batuta, afina al clavicordio o ajusta el piano.
Distingue el placer y el displacer,
Que proceden de nuestra primera infancia.
Cuando la cultura dominante impone sus dogmas,
tener un hijo puede convertirse en una tortura para una madre
y los abrazos no saben igual y los besos son puro sacramento.
Ma non è tutto sotto controllo,
porque hemos de aprender a amar más allá del amor,
hemos de reinventarnos
como estructura independiente
de la patria amor, de esa isla de un mar lejano,
donde todo dice comenzar,
donde la génesis se produce por sí misma
y en la que Adán y Eva son empleados de un cine
en el que ponen películas en versión original.
Las farolas de las calles
proponen
la soledad más solemne
y la ciudad es un útero
que fabrica un nuevo yo
que se basa en el anterior,
pero no a la fuerza.
y todos llevamos una completa historia compuesta
de deseos, afectos maternos, ausencias, traumas, pérdidas, etcétera.
En la obra Más allá del principio del placer,
Sigmund Freund,
nos habla de que los estados de ánimo dependen
del principio del placer y éste se convierte en el director
de la orquesta que toma la batuta, afina al clavicordio o ajusta el piano.
Distingue el placer y el displacer,
Que proceden de nuestra primera infancia.
Cuando la cultura dominante impone sus dogmas,
tener un hijo puede convertirse en una tortura para una madre
y los abrazos no saben igual y los besos son puro sacramento.
Ma non è tutto sotto controllo,
porque hemos de aprender a amar más allá del amor,
hemos de reinventarnos
como estructura independiente
de la patria amor, de esa isla de un mar lejano,
donde todo dice comenzar,
donde la génesis se produce por sí misma
y en la que Adán y Eva son empleados de un cine
en el que ponen películas en versión original.
Las farolas de las calles
proponen
la soledad más solemne
y la ciudad es un útero
que fabrica un nuevo yo
que se basa en el anterior,
pero no a la fuerza.
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