¿Recuerdas...?
¿Recuerdas...?
¿Recuerdas cuando saltábamos los muros
de castillos olvidados
y rescatábamos
de una sombra
la luz de la luna que yacía
sobre el agua tranquila de un estanque?
¿Recuerdas
cuando recorríamos calles antíguas y empedradas,
observábamos los cipreses
en la colina
de enfrente
y juntábamos piezas de puzzles desordenados?
¿Recuerdas
cuando la vida
era una aventura contínua,
cuando
el tiempo libre
era un juego
y nos dedicábamos
a mover piezas de ajedrez
hasta después de la medianoche?
Entonces te traía un vaso de agua
a la cama
y tú, reina entre tus gatos,
maullabas
palabras de amor
mientras yo saltaba
por ventanas abiertas
de fortalezas invisibles
a diluirme
como azucarillo en el café
en la azabache y oscura noche.
Granada era
crónica
de mi postración ante tí.
Yo había aprendido a amar
de esa manera, rogando
y haciendo la reverencia.
Sin embargo, te amaba
y me agarraba a un clavo ardiendo.
¿Recuerdas cuando saltábamos los muros
de castillos olvidados
y rescatábamos
de una sombra
la luz de la luna que yacía
sobre el agua tranquila de un estanque?
¿Recuerdas
cuando recorríamos calles antíguas y empedradas,
observábamos los cipreses
en la colina
de enfrente
y juntábamos piezas de puzzles desordenados?
¿Recuerdas
cuando la vida
era una aventura contínua,
cuando
el tiempo libre
era un juego
y nos dedicábamos
a mover piezas de ajedrez
hasta después de la medianoche?
Entonces te traía un vaso de agua
a la cama
y tú, reina entre tus gatos,
maullabas
palabras de amor
mientras yo saltaba
por ventanas abiertas
de fortalezas invisibles
a diluirme
como azucarillo en el café
en la azabache y oscura noche.
Granada era
crónica
de mi postración ante tí.
Yo había aprendido a amar
de esa manera, rogando
y haciendo la reverencia.
Sin embargo, te amaba
y me agarraba a un clavo ardiendo.
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