Querida ausente (CXXXVI)

Querida ausente:

Ningún tiempo es perdido
si se trata
de recordarte.
Asimismo,
ningún tiempo es perdido
si construye un verso
de amor que regalarte.
Por ello,
me empeño y me afano
en honrarte
a distancia,
en subirte a los pedestales
y a venerarte en altares
donde la tarde es sacerdotisa
ejemplar
y, por si fuera poco,
no habrá público
y eso es mejor,
porque yo te alabo
siguiendo
la secreta religión errante
de los que no descansan
hasta ver sus sueños cumplidos.

Mas no te preocupes,
sabré valorarte como te mereces,
y no habrá versos
sin significado,
huecos
como las cañas que hay junto al río.

Habrá hondura, pero pocas promesas
y mucho esfuerzo y sacrificio,
serás la luz de cada día,
y la sombra,
y la luna
sobre montes desatendidos.

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