Querida ausente (CXLVI)

Querida ausente:

Cada vez que rastreo
el eco de tu voz
doy de bruces frente a un abismo
de silencio e incomprensión,
mas no desespero
porque parto
de la impresión
fotográfica
que construyeron tus ojos
al mirarme
y que guardo
como el mejor de los versos
en mi corazón guardado.

Quisiera viajar contigo,
dedicarme a recorrer ciudades que nos gusten,
y en el atardecer
ante el remanso
de un lago,
llámese río,
descifrar junto a tí
la palabra
que tu voz, ahora sí mayúscula,
transforma
los signos de puntuación
en notas musicales.

Celebraremos
la alegría de sabernos
y que el buen Eros
ha tenido a bien en lanzarnos sus flechas
puntiagudas bajo la atenta mirada de Afrodita.

¡Más no sufras por Ifigenia, me convertiré en Aquiles y e intentaré que no sea sacrificada!

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