Querida ausente (CXLV)

Querida ausente:

Tan sólo tu luz hace que brille la sombra
y tu lápiz no escribe los versos
que yo desearía leer,
¡ah, se me olvidaba!

Escribes con pluma en el tintero,
tras las cortinas custodiadas,
y yo llego a amar
ese telón de acero,
que tantas veces
he soñado saltar,
aunque ahora vivas en un tercero.

Por tí, el amor
no se explica.

Es un tardío remedio,
tras el desierto entre los siglos,
y gracias a todo lo que no dices,
estos poemas buscan
la senda de la estética y de la hermosura,
y alejarse de la levedad y la escasa hondura.
¡Querida ausente, que resuenen las campanas
de todas las torres! Te he enviado
el poema nº 145 envuelto en un sobre,
pero en esta época,
se envían correos electrónicos.


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