Querida ausente (CXLVII)
(...) Si los cielos iluminan
trasluces de paraíso,
islas de color de edén,
es que en las horas sin luz,
sin suelo, hemos anhelado
la tierra más inocente
y jardín para los dos. (...)
Ya está la ventana abierta... Pedro Salinas
Razón de amor
Querida ausente:
En esta fase en la que casi todo lo que sucede
es aproximadamente nuevo o aproximadamente extraño,
no me paro mucho a pensar
en el tiempo que vendrá sino que me limito a vivir
cada día como si fuera el último.
He recorrido mares, desiertos y ríos,
calles ensangrentadas de luz callada,
pero siempre he vuelto a esta prisión del deseo
cotidiana y conocida,
en la que la que repasar la fantasía que se compone
tras el indicio de una palabra o de un gesto tuyo.
Pero no se trata únicamente de una fantasía, de una ensoñación,
se trata de un sentimiento elaborado,
en el que anhelarte se vuelve
un oficio antíguo
y esperarte,
lo acostumbrado.
Pero sé que no vendrás hoy ni mañana ni quizás pasado.
Sé que hay asuntos que te alejan.
Que has sufrido la tormenta de verano
y que la lluvia llenó tus ojos,
que nada se parece tanto
al desierto
cuando no estás a mi lado,
y las ciudades son hermosas
pero tú las mejoras con tu presencia.
¡Haz tu aparición pero tómate tu tiempo!
No te adelantes, no vengas antes de lo acordado,
ven cuando todo fluya y el río te traiga
a esta orilla
en la que ya no hay cárceles, ni barrotes
sino sólo ese lento y templado discurrir,
en el jardín prometido de los dos.
trasluces de paraíso,
islas de color de edén,
es que en las horas sin luz,
sin suelo, hemos anhelado
la tierra más inocente
y jardín para los dos. (...)
Ya está la ventana abierta... Pedro Salinas
Razón de amor
Querida ausente:
En esta fase en la que casi todo lo que sucede
es aproximadamente nuevo o aproximadamente extraño,
no me paro mucho a pensar
en el tiempo que vendrá sino que me limito a vivir
cada día como si fuera el último.
He recorrido mares, desiertos y ríos,
calles ensangrentadas de luz callada,
pero siempre he vuelto a esta prisión del deseo
cotidiana y conocida,
en la que la que repasar la fantasía que se compone
tras el indicio de una palabra o de un gesto tuyo.
Pero no se trata únicamente de una fantasía, de una ensoñación,
se trata de un sentimiento elaborado,
en el que anhelarte se vuelve
un oficio antíguo
y esperarte,
lo acostumbrado.
Pero sé que no vendrás hoy ni mañana ni quizás pasado.
Sé que hay asuntos que te alejan.
Que has sufrido la tormenta de verano
y que la lluvia llenó tus ojos,
que nada se parece tanto
al desierto
cuando no estás a mi lado,
y las ciudades son hermosas
pero tú las mejoras con tu presencia.
¡Haz tu aparición pero tómate tu tiempo!
No te adelantes, no vengas antes de lo acordado,
ven cuando todo fluya y el río te traiga
a esta orilla
en la que ya no hay cárceles, ni barrotes
sino sólo ese lento y templado discurrir,
en el jardín prometido de los dos.
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