El paisaje sórdido de las Tablas

Al norte de Fuencarral,
entre arenales y escombreras,
construyeron de la nada,
algunos edificios empresariales,
de granito y hormigón,
cemento y metal.

Avenidas surgieron,
plantas, helechos y algún árbol mal plantado.

Las cuatro torres se divisan en los días claros.
La ciudad está allí al fondo
impasible ante tamaña fealdad.

¡Las Tablas es un barrio horrendo!

Escuelas casi prefabricadas,
gentes con dinero,
ferias improvisadas,
recreo de niños
y niñas

cuyos padres y madres prefieren

aparcarlos como a un auto de choque.

Academias de inglés
para que sus bebés
salgan hablando
con el remozado acento de Vaughan,
en esta ciudad que es la New York
de la Mancha,
patrocinados por el Mundo digital.

Restaurantes,
oficinas,
pasos de peatones
como pasillos de un gran aeropuerto,
donde hasta las esquinas
tuvieran código de barras.

Así observo el paisaje sórdido de las Tablas.

Quizás Guediguian pueda describir este barrio
en la forma magistral en que describe Marsella.

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