Dos ciudades siamesas
Villarriba y Villabajo
Por eso, querido señor, ame su soledad, soporte el dolor que le ocasiona; y que el son de su queja sea bello
Rilke
Dos ciudades siamesas
ligadas por un mismo cerebro
han decidido juntas sus destinos
en común unión de su ideario.
Es la historia que ambas tienen
las que forma el sólido vínculo.
Son tantos recuerdos,
tantas fotografías,
tantas canciones de guitarra
en misas dominicales
y tapas en el Bar Luis
de la calle Navas.
Es la estructura paralela
de dos familias,
la salvadora y la salvada...
Esperábamos como agua de Mayo
el bocadillo de jamón redentor.
Pero miren bien que sí les soy agradecido
pero forzar la relación
apelando a no sé qué militancia oscura
de un recuerdo que ya es pasado,
me parece puro anacronismo.
Dos ciudades siamesas,
dos destinos.
Déjennos decidir con quién queremos viajar,
déjennos decidir si fotocopiamos
nuestro destino.
Déjennos vivir en paz.
Les felicitamos por su éxito.
Déjennos tranquilos
porque cuando la cuesta arreció...
Nadie daba un puñetero duro
por nuestros maltrechos cuerpos,
nuestras maltrechas almas.
Por eso, querido señor, ame su soledad, soporte el dolor que le ocasiona; y que el son de su queja sea bello
Rilke
Dos ciudades siamesas
ligadas por un mismo cerebro
han decidido juntas sus destinos
en común unión de su ideario.
Es la historia que ambas tienen
las que forma el sólido vínculo.
Son tantos recuerdos,
tantas fotografías,
tantas canciones de guitarra
en misas dominicales
y tapas en el Bar Luis
de la calle Navas.
Es la estructura paralela
de dos familias,
la salvadora y la salvada...
Esperábamos como agua de Mayo
el bocadillo de jamón redentor.
Pero miren bien que sí les soy agradecido
pero forzar la relación
apelando a no sé qué militancia oscura
de un recuerdo que ya es pasado,
me parece puro anacronismo.
Dos ciudades siamesas,
dos destinos.
Déjennos decidir con quién queremos viajar,
déjennos decidir si fotocopiamos
nuestro destino.
Déjennos vivir en paz.
Les felicitamos por su éxito.
Déjennos tranquilos
porque cuando la cuesta arreció...
Nadie daba un puñetero duro
por nuestros maltrechos cuerpos,
nuestras maltrechas almas.
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