Las lealtades según Juan Merino (2)

La distancia, según Juan Merino,
era algo más que una meseta castellana
y las estribaciones
de un sistema montañoso
hasta llegar
a un mar de olivos
y al relieve escarpado
propio de la tierra.

La distancia, según Juan Merino,
era algo más que una geografía,
era algo más que una ausencia de años
de la ciudad donde todo comenzó.

La distancia era falta de comunicación,
lejanía
con aquéllos
a los que, en otro tiempo,
creyó haber amado.
¿Fueron siempre sinceros
o llevaron a cabo el guión
tradicionalista y de las jons?

Mientras sus mayores
le exigían el silencio y el respeto,
hacían y deshacían a su antojo
en un juego de naipes
que Juan aprendió deprisa
mezclando la visión de su madre
, lo que ella le contaba
y lo que sacaba en lo concerniente
a las conclusiones propias.

Las opiniones de su madre
condicionaban el guión de los acontecimientos,
pautaban las batallas,
y él como fiel soldado,
disponía sus ejércitos
contra los que construían aquel quebranto.

El dolor infringido debía ser devuelto.

En una coyuntura como aquélla,
nadie lograba encontrar salidas ni soluciones.

Las partes no eran proclives al diálogo, no sabían
dialogar o no querían hacerlo.

Cuando la verdad A se debe imponer sobre la verdad B,
dos generales se enfrentan,
pues ambas verdades no saben coexistir
y formar un producto cartesiano de verdades.

Las relaciones personales
se contaminaron,
por el inventario de las heridas
que formaron las palabras lanzadas como dardos envenenados
contra la (s) víctima (s),
por el uso unilateral y autoritario de los mayores,
por la cerrazón del joven Juan hacia el empoderamiento
y hacia la emancipación (¡desde la que desde aquí siempre aplaudo!)

A pesar de ello, Juan, debió ponerse antes
en manos de un psicólogo
y tratar mejor a los que intentaron ayudarle.


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