De mi padre yo demandaba
De mi padre yo demandaba
su tiempo, su afecto,
su atención y la lentitud
de una tarde aunque fuera domingo
en la que salir a pasear
y sentirme
identificado
con el resto de niños y niñas
que salen a pasear
en las tardes de domingo
con la figura paterna
en tercera persona (él).
De mi padre yo no demandaba
que comprara
para mí equipos de futbol enteros
ni que me obsequiara
con regalos caros,
ni que pusiera a mis piés,
castillos que fueran
casi palacios incompletos.
De mi padre yo demandaba
una terraza de bar,
un plato de patatas fritas,
una pelota de plástico
y el albero
de una tarde
con hojas secas por el suelo,
cuando Octubre es Granada,
y la Biblioteca
del Salón una isla
en la que permanecer cautivo
tras el susurro de un Genil
que llevara por entonces agua.
De mi padre yo demandaba,
conocer la tonalidad de su voz,
la ternura de su mirada,
el verme en su espejo
incipiente o tal vez caduco,
en su abrazo que me envolviera
como una manta.
De mi padre yo no demandaba,
la palabra fría
de revisor de tren,
la daga clavada en mi pecho,
tras la verdad del sendero
confirmada.
Hay pantanos
donde se sepultan
las historias de acequias calladas.
Agua del estanque,
mecanismo de una llamada.
su tiempo, su afecto,
su atención y la lentitud
de una tarde aunque fuera domingo
en la que salir a pasear
y sentirme
identificado
con el resto de niños y niñas
que salen a pasear
en las tardes de domingo
con la figura paterna
en tercera persona (él).
De mi padre yo no demandaba
que comprara
para mí equipos de futbol enteros
ni que me obsequiara
con regalos caros,
ni que pusiera a mis piés,
castillos que fueran
casi palacios incompletos.
De mi padre yo demandaba
una terraza de bar,
un plato de patatas fritas,
una pelota de plástico
y el albero
de una tarde
con hojas secas por el suelo,
cuando Octubre es Granada,
y la Biblioteca
del Salón una isla
en la que permanecer cautivo
tras el susurro de un Genil
que llevara por entonces agua.
De mi padre yo demandaba,
conocer la tonalidad de su voz,
la ternura de su mirada,
el verme en su espejo
incipiente o tal vez caduco,
en su abrazo que me envolviera
como una manta.
De mi padre yo no demandaba,
la palabra fría
de revisor de tren,
la daga clavada en mi pecho,
tras la verdad del sendero
confirmada.
Hay pantanos
donde se sepultan
las historias de acequias calladas.
Agua del estanque,
mecanismo de una llamada.
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