Querida ausente (CCVIII)
Callas y sufres, no te comprenden
¡Oh santo espíritu! Agostándote callas,
¡Pues vanamente entre los bárbaros
buscas al rayo del sol los tuyos,
las almas grandes, tiernas, que nadie halló!
Mas huye el tiempo. Empero canto mortal verá
el día, ¡oh Diotima! que en pos de los dioses
y en pos de los héroes te nombre su igual.
A Diotima, Hölderlin
Querida ausente:
Como yo
Has sufrido
la barbarie de un ocaso
impiadoso,
el lento caminar de los tranvías
hacia el último sol ingrato.
Has tenido el malestar
que acarrea una despedida.
Has visto
clarear el alba,
mientras apenas
las horas te llevaban
dulces melodías de descanso.
Has aprendido
de la vivencia amarga,
de la melancolía.
Y probablemente
Como yo
Has rechazado la antítesis de la belleza
Has repudiado a aquéllos que
no deseaban buscar la verdad suprema,
aunque ésta se demuestra
que es incompleta y que, por tanto,
está construída por muchas verdades relativas.
Como yo
No has olvidado
ni una sola de las palabras
que dijimos
y no has firmado
ni uno solo de los documentos
de rendición
Como yo
No has claudicado.
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