Para el hombre sin bandera, para la mujer sin bandera

Para el hombre sin bandera,
para la mujer sin bandera,
todo son dificultades.
Se acumulan
en su cargo
causas inexistentes,
lo clasifican como apátrida,
recibe el castigo de los dioses,
de las autoridades policiales.
La norma y la falta
de mesura
lo condenan
al ostracismo.
Cuándo enarbolamos
una bandera,
¿qué estamos haciendo?
¿A quién representamos?
¿Nos representamos?
Si pudiera pintar
con finos trazos
mi bandera
sería transparente
como el agua de un río,
mi patria
serían la ribera,
y las junqueras,
mi techo el cielo azul
de un otoño preclaro,
mi tierra la que piso en este momento.
Para el hombre sin bandera,
para la mujer sin bandera,
hay sólo una patria
cuyo nombre
restalla
tras el último hálito de un sol inconformista,
y se llama Libertad.

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