Querida ausente (CXCVIII)
Querida ausente:
Viajo en el vagón de la noche
con música de piano y violín,
¡ah, sí, la liberadora melodía
que nos construye!
La ciudad llena de luces
y las notas que vuelan
por el aire
fragante del casi otoño.
Me despido de la estación
donde la tristeza y la melancolía
habitan de contínuo
y me dirijo con destino a la alegría
presente.
Sin embargo,
algo me hace retroceder hacia tu recuerdo,
y entonces te veo en
en el andén,
llevado por
el deseo
que me hace fantasear contigo,
con el hecho de estrecharte entre mis brazos,
besarte cálidamente
y apretarte contra mi pecho con ternura.
En nuestra historia has jugado
un papel
que no llego a visualizar nítidamente.
Los adjetivos calificativos
quizás excedan
la semántica precisa.
Los niños y las niñas
merecen una pequeña patria segura,
pero éso...
¡ya estaba hablado desde un principio
y a diario me empeño en que en éso
no haya ninguna duda!
En la ilusión,
queda el verte de nuevo
al bajar del tren
en otra estación
de otro lugar,
con nombres de calles
que tal vez ignoro,
y llevar a efecto
todos los pronósticos,
todos los planes amatorios
necesarios,
dejándonos llevar
por lo no programado,
por lo que sin querer nos induce,
a seguir este camino
de amor sin cálculo
y sin reserva,
incondicionalmente.
Viajo en el vagón de la noche
con música de piano y violín,
¡ah, sí, la liberadora melodía
que nos construye!
La ciudad llena de luces
y las notas que vuelan
por el aire
fragante del casi otoño.
Me despido de la estación
donde la tristeza y la melancolía
habitan de contínuo
y me dirijo con destino a la alegría
presente.
Sin embargo,
algo me hace retroceder hacia tu recuerdo,
y entonces te veo en
en el andén,
llevado por
el deseo
que me hace fantasear contigo,
con el hecho de estrecharte entre mis brazos,
besarte cálidamente
y apretarte contra mi pecho con ternura.
En nuestra historia has jugado
un papel
que no llego a visualizar nítidamente.
Los adjetivos calificativos
quizás excedan
la semántica precisa.
Los niños y las niñas
merecen una pequeña patria segura,
pero éso...
¡ya estaba hablado desde un principio
y a diario me empeño en que en éso
no haya ninguna duda!
En la ilusión,
queda el verte de nuevo
al bajar del tren
en otra estación
de otro lugar,
con nombres de calles
que tal vez ignoro,
y llevar a efecto
todos los pronósticos,
todos los planes amatorios
necesarios,
dejándonos llevar
por lo no programado,
por lo que sin querer nos induce,
a seguir este camino
de amor sin cálculo
y sin reserva,
incondicionalmente.
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