Querida ausente (CCIV)

Querida ausente:

Últimamente
no sé por dónde empezar
los poemas
y creo que ésta es una buena señal.

Será que esa urgencia de tí
se ha transformado
en lentitud
y todo se asemeja
a una tranquila espera.

Como cuando vamos
a la cita con el doctor
y aguardamos
en la sala
hojeando
diarios,
revistas que nos traen
candentes actualidades
que
constatan
la escasa disposición de los hombres
y mujeres para entenderse y construir
un mundo mejor.

Cuando leo sobre Cataluña,
confirmo que yo así
(en estas circunstancias históricas,
coyunturales)
tampoco deseo ser español,
pero no por una cuestión
de acordar una salida
como la de los intereses funestos de la burguesía
sino
por una cuestión de principios.

Así no quiero seguir siendo español,
ni miembro de ninguna patria
donde anide la injusticia.

Dirás,
tendrás que irte a una isla desierta
o hacerte ermitaño.

¡No hay otra cosa que más desee!
¡Vivir alejado
del mundanal ruído!

Aunque yo forme parte de él,
aunque construya acordes
de su melodía
asíncrona.

Una vez me dijiste
que lo tuyo era el centro de la ciudad.

¿No me acompañarías
a lugares donde la única música es la del sonido del trinar de los pájaros?

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