En cómodos plazos de felicidad
Ellos seguirán dormidos
En sus cuentas corrientes
De seguridad.
Planearán vender la vida
Y la muerte y la paz,
¿le pongo diez metros, en
cómodos plazos, de felicidad?
Pero tú y yo sabemos que hay
señales que anuncian
que la siesta se acaba
y que una lluvia fuerte
sin bioenzimas, claro,
limpiará nuestra casa.
Pablo Guerrero - Tiene que llover.
Señora, Señor, usted y yo sabemos
que la obra teatral que representan a diario
responde al programa calculado de la convención
y que los cómodos plazos de felicidad
vienen en la cuenta corriente
cada mes
como apunte contable en los movimientos.
No les juzgo,
y sin embargo,
su libertad sin fisuras,
su espíritu crítico y su impronta
casi revolucionaria
me recuerdan a esos tratados
sobre clasificación de aves,
en los que etiquetarlas
con el anillado.
Todos y todas
en la teoría
somos transgresores.
En la praxis,
muchos y muchas
esquivan
el peliagudo
acto cotidiano
que supone la confrontación,
el rebatir la consolidada
arquitectura del confort.
No es fácil
abonarse
a la felicidad
que va más allá
de la pura materia
pero es la que más consuela,
más cuando
uno es un apátrida,
desheredado,
y no poseerá la tierra,
como dictan los evangelios.
En sus cuentas corrientes
De seguridad.
Planearán vender la vida
Y la muerte y la paz,
¿le pongo diez metros, en
cómodos plazos, de felicidad?
Pero tú y yo sabemos que hay
señales que anuncian
que la siesta se acaba
y que una lluvia fuerte
sin bioenzimas, claro,
limpiará nuestra casa.
Pablo Guerrero - Tiene que llover.
Señora, Señor, usted y yo sabemos
que la obra teatral que representan a diario
responde al programa calculado de la convención
y que los cómodos plazos de felicidad
vienen en la cuenta corriente
cada mes
como apunte contable en los movimientos.
No les juzgo,
y sin embargo,
su libertad sin fisuras,
su espíritu crítico y su impronta
casi revolucionaria
me recuerdan a esos tratados
sobre clasificación de aves,
en los que etiquetarlas
con el anillado.
Todos y todas
en la teoría
somos transgresores.
En la praxis,
muchos y muchas
esquivan
el peliagudo
acto cotidiano
que supone la confrontación,
el rebatir la consolidada
arquitectura del confort.
No es fácil
abonarse
a la felicidad
que va más allá
de la pura materia
pero es la que más consuela,
más cuando
uno es un apátrida,
desheredado,
y no poseerá la tierra,
como dictan los evangelios.
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