Querida ausente (CCXII)

Querida ausente:

Si un poema pudiera
arreglar una situación,
cambiar el curso de los acontecimientos,
sin duda sería una herramienta poderosa
pero dudo mucho
que altere ni el menor de los detalles
de una vivencia, o de la realidad que nos circunda.

De todas formas,
hemos de creer y seguir creyendo
en que todo ésto es posible.

En que la alegría
es una actitud frente a la vida,
una mirada preclara y sin duda
ante la subsiguiente estación,
placer ignoto.

Si un poema pudiera
arreglar una situación,
podríamos describir
un paisaje marino
en el que las gaviotas heridas
por el último estallido de sol tras el horizonte,
han decidido abandonar
su último reducto de amor
para salir huyendo.

Así también nosotros hemos
aprendido a olvidar
como amantes que se despiden
en un andén de tren
y vuelven
a la rutina
de calles, avenidas, tuberías y relojes
construídos por mecanismos.

Querida ausente:

En esta forma de hacer
no encuentro ningún placer,
por ello he de reformular
todo el programa de mi amor
por tí
que llevo fabricando desde ayer.

Si no das señales,
y todo indica
que tu ausencia
es crónica de un amor platónico
y, por ende, no correspondido...

¿A qué espero a decirte adiós para siempre?

El abrigo arruinado no se arruinó
únicamente por tu testimonio.

Uno también es responsable de sus actos,
de sus hábitos y costumbres relajados.

Pero es cierto que no respondiste a la confianza depositada.




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