El ejército del amor
En estas circunstancias:
Ni Daoiz ni Velarde
podrían acometer la defensa de Madrid
y,
en plena revuelta de poderes conservadores,
doblegar a la invasión
de un ejército de amor
bien organizado.
No habría entonces un dos de Mayo
triunfal,
y en los barrios
no se aclamaría semejante
proclama
de una tierra que se resiste
a ser usurpada,
tras los fusilamientos
que Goya interpretó
y sobre los que Galdós escribió
en sus episodios nacionales.
Porque éstas que vienen
no son las tropas francesas,
ni Napoleón hace el amago de invadir Portugal.
Éstas más bien son estrofas
que se unen coordinadas
para subirte a un pedestal.
Déjame que alabe tu hermosura,
tu gracil figura,
toda la bondad que hay en tí.
Préstame algún mes de Abril
para pasear juntos por jardines
nuevos,
rescata el silex que hace rayas en el metal.
Si tus frenos te recuerdan
a pastelerías o a piscinas, lo comprendo.
Deposité toda mi frustración equivocadamente.
Nunca es tarde para rectificar.
Si no deseas pedestales,
si eres más de cotidiano homenaje,
quizás
pueda
contribuir a la armonía
de un verso
que huye de la falsedad.
Por tí, un ejército de amor
inexorable
invadirá la primavera
que no ha llegado
de los dos en libertad
o al menos
planteará
una duda
sobre un abierto final
Ni Daoiz ni Velarde
podrían acometer la defensa de Madrid
y,
en plena revuelta de poderes conservadores,
doblegar a la invasión
de un ejército de amor
bien organizado.
No habría entonces un dos de Mayo
triunfal,
y en los barrios
no se aclamaría semejante
proclama
de una tierra que se resiste
a ser usurpada,
tras los fusilamientos
que Goya interpretó
y sobre los que Galdós escribió
en sus episodios nacionales.
Porque éstas que vienen
no son las tropas francesas,
ni Napoleón hace el amago de invadir Portugal.
Éstas más bien son estrofas
que se unen coordinadas
para subirte a un pedestal.
Déjame que alabe tu hermosura,
tu gracil figura,
toda la bondad que hay en tí.
Préstame algún mes de Abril
para pasear juntos por jardines
nuevos,
rescata el silex que hace rayas en el metal.
Si tus frenos te recuerdan
a pastelerías o a piscinas, lo comprendo.
Deposité toda mi frustración equivocadamente.
Nunca es tarde para rectificar.
Si no deseas pedestales,
si eres más de cotidiano homenaje,
quizás
pueda
contribuir a la armonía
de un verso
que huye de la falsedad.
Por tí, un ejército de amor
inexorable
invadirá la primavera
que no ha llegado
de los dos en libertad
o al menos
planteará
una duda
sobre un abierto final
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