Lógicamente

Lógicamente
La primavera ha llegado
con su ejército de flores,
marchando al unísono
y con su batuta
hace de los jardines
islas necesarias
donde los caminantes
se paran a descansar
en la placidez
de un paréntesis.

La ciudad ha recibido
de buen grado
a estos regimientos
y se ha parado
a escuchar el sigilo
con que el agua circula
en las fuentes,
bajo la atenta mirada
de los ruiseñores apostados en las ramas.

En este paraje castellano,
no faltan a la fiesta el olivo, el encinar
y el álamo,
el ciruelo bruno,
la guarida
de los desguarecidos.

Gracias Madrid por recibirnos,
dicen los cónsules alados,
por dejar que contemplemos,
la grandiosidad de tus parques,
la maravilla que destila
la quietud del estanque,
la crónica de lo nuevo que surge,
tras la presencia del antíguo traje
del insurgente invierno.

Lógicamente,
no estás,
pero este lugar y yo,
sabemos de tu presencia,
la que se intuye tras la sombra
de un ciprés,
tras los llanos donde abunda
la arena en la que se observa
una flor pequeña y brillante,
que saluda
a la estación nueva.

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