Querida Señora (Sonrisas)

Querida Señora (Sonrisas)

Esta tragedia no es tal.
En este día segundo de marzo,
a Usted me dirijo
desde la más profunda admiración
que le profeso.
Espero que estos versos
no le parezcan un desvarío
ni su tono sea tan fiero,
como el acto de templar el acero,
de doblegarlo en la fragua
con el martillo implacable.
No le culpo por sus desmanes
y sus intentos de disuasión a dos bandas
(ejércitos del aire y de tierra laterales)
para evitar la improrrogable
manifestación de mis palabras
pues no han impedido del todo
que hoy siga en la inaplazable
construcción de lo que surgió
en un inicio:
Un sentimiento de amor
que traspasa cualquier muro.
En la discrepancia de criterios,
la flor de un día quiso eternizarse
en su proceso
resistiendo,
restallando,
resurgiendo.
La Rosaleda del Parque del Oeste
no tiene rosas,
y todos sus tallos aguardan,
cerca de templos egipcios.
Será que es invierno todavía
y que habrá que esperar
a la primavera
donde lo ''etéreo''
puede que quiera
confundirse
con nosotros, con la sorpresa del momento,
y la eternidad pueda esperar.
La única certidumbre
que necesitamos es la de estar juntos.

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