Versiones oficiales
Querida mía:
Siempre amé esa forma tuya
de construir las versiones oficiales.
Como en el transcurso de ese proceso,
ibas envolviendo el asunto en una pseudo-lógica
donde te reservabas un lugar predominante,
capacidad de maniobra,
y dictabas memoria u olvido indistintamente.
Pero no era tan sencillo,
porque la máquina - artefacto
utilizada al uso, no era un mecanismo perfecto
y lejos de atormentarte, parecía simplificar,
aunque yo como ángel herido
no pudiera discernir ni tu lucha ni tu tristeza,
¿de veras la había?
No era yo el que no quería vivir "en las afueras".
Me habría dado igual si era junto a tí.
Clara del Rey, 33, parecía más que el nombre de una calle
y la conclusión a un capítulo sentimental
se veía venir no sólo por un affaire,
sino por una tendencia y por una armonía
que ya escaseaba
en un viaje que comenzó
en jardines que tú no conociste.
Sin embargo, acto seguido se emitió el comunicado
de la despedida,
marchabas contribuyendo,
¿alimentabas así la esperanza?
En mi contra, los cargos estaban claros:
Era yo el culpable de todos los males,
el primer depositario del afecto y la ternura,
pero no era mi método pagarte con la misma moneda.
Mientras tanto, yo impaciente, seguía amándote,
como un fiel esclavo postrado,
alabando su cadena
hasta el día en que me dí cuenta de que yo ya era sinceramente mío
y el dolor no debía ser el leit motiv de esta travesía romántica.
Por eso, ja natürlich, ich liebe dich
aber du bist nicht hier
Siempre amé esa forma tuya
de construir las versiones oficiales.
Como en el transcurso de ese proceso,
ibas envolviendo el asunto en una pseudo-lógica
donde te reservabas un lugar predominante,
capacidad de maniobra,
y dictabas memoria u olvido indistintamente.
Pero no era tan sencillo,
porque la máquina - artefacto
utilizada al uso, no era un mecanismo perfecto
y lejos de atormentarte, parecía simplificar,
aunque yo como ángel herido
no pudiera discernir ni tu lucha ni tu tristeza,
¿de veras la había?
No era yo el que no quería vivir "en las afueras".
Me habría dado igual si era junto a tí.
Clara del Rey, 33, parecía más que el nombre de una calle
y la conclusión a un capítulo sentimental
se veía venir no sólo por un affaire,
sino por una tendencia y por una armonía
que ya escaseaba
en un viaje que comenzó
en jardines que tú no conociste.
Sin embargo, acto seguido se emitió el comunicado
de la despedida,
marchabas contribuyendo,
¿alimentabas así la esperanza?
En mi contra, los cargos estaban claros:
Era yo el culpable de todos los males,
el primer depositario del afecto y la ternura,
pero no era mi método pagarte con la misma moneda.
Mientras tanto, yo impaciente, seguía amándote,
como un fiel esclavo postrado,
alabando su cadena
hasta el día en que me dí cuenta de que yo ya era sinceramente mío
y el dolor no debía ser el leit motiv de esta travesía romántica.
Por eso, ja natürlich, ich liebe dich
aber du bist nicht hier
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