Hay sueños que se niegan a perecer

(...)
Por ti he sabido yo cómo era el rostro
de un sueño: sólo ojos. 
La cara de los sueños
mirada pura es, viene derecha, 
diciendo: "A ti te escojo, a ti, entre todas"
como lo dice el rayo o la fortuna. 
Un sueño me eligió desde sus ojos,
que me parecerán siempre los tuyos.

(...) 

Muerte del sueño Pedro Salinas 


Hay sueños que se niegan a perecer, 
que rechazan rubricar la crónica de un presagio. 

Como esa verdad con la que nos enfrentamos 
a diario y nos deja el rostro sin sonrisa, 
aunque, de pronto, haya una palabra que vuele,
que sea génesis de algo similar 
a la alegría
y nos haga reconciliarnos con lo recordado
encontrando un motivo, 
vertiendo en el vaso un exilir de fé tuerta, 
para lograrlo, 
al respirar bien hondo,
abriendo los brazos,
destrabando la madeja de Penélope,
del instante postrero 
y poder seguir intentando. 

En ese momento, 
le declaramos a la tristeza 
un estado de sitio 
y perseguimos el último hálito de un sol desvencijado 
tras las calles baldías
saliendo a andar y desandar, 
apuntando notas de realidad que nos sirvan 
para seguir creyendo
en que el sueño original permanece intacto
y ajeno a los indicios. 

Hubo quienes intentaron desahuciar lentamente el amor,
hubo compases con excelsa ternura, 
pero no se pudo desalojar totalmente 
la arquitectura de un guiso de años 
que resiste al viento del más tenaz invierno. 

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