cuando ya gastados
Cuando el trabajo, cuando lo cotidiano
nos va y nos va golpeando,
se abandonan los bellos disfraces con que un día
jugamos a inmortales. Y el alma queda en nada.
Y el hombre es sólo humano, repetible, cualquiera,
anónimo y sagrado.
(...)
El martillo, Gabriel Celaya
Cuando ya gastados
por el metal cotidiano
que nos erosiona,
nos miremos de frente,
inermes
y cautelosos,
veremos
el reflejo
sin profecía
de una luz antígua,
diáfana
como el agua de un arroyo.
Será entonces
cuando las fuentes
se abrirán
y toda la ciudad
se convertirá en agua
de la que renacer
una vez más.
No hay sombra que sea
lo bastante grande
para oscurecer
nuestros sueños,
ni voz que acalle
nuestro canto.
nos va y nos va golpeando,
se abandonan los bellos disfraces con que un día
jugamos a inmortales. Y el alma queda en nada.
Y el hombre es sólo humano, repetible, cualquiera,
anónimo y sagrado.
(...)
El martillo, Gabriel Celaya
Cuando ya gastados
por el metal cotidiano
que nos erosiona,
nos miremos de frente,
inermes
y cautelosos,
veremos
el reflejo
sin profecía
de una luz antígua,
diáfana
como el agua de un arroyo.
Será entonces
cuando las fuentes
se abrirán
y toda la ciudad
se convertirá en agua
de la que renacer
una vez más.
No hay sombra que sea
lo bastante grande
para oscurecer
nuestros sueños,
ni voz que acalle
nuestro canto.
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