Estado de cuenta

Esta mañana
me desperté
con mis odios y mis rencores
bien engrasados y quise
ponerles palabras
a la máxima brevedad,
darle forma al hilo conductor
y conocer la fuente
donde brotan.

Supongo que en mí
es un tema recurrente.
En mi tierna infancia,
siempre solicitaba
el afecto
de mi madre
de forma continuada,
pues ella con esfuerzo
me lo mostraba.

Por eso,
asocio, en ocasiones, el amor con el dolor
de no ser correspondido.

Ser un amante rechazado
o ignorado
es sólo un episodio más.

A ésto se le unen los errores de cálculo.
Pero del error se aprende,
porque... ¿quién quiere vivir
en relaciones que parecen cárceles
para el que las habita?

Abrir las ventanas,
abrir la puerta
y sanar,
reencontrarme
con el afecto positivo
y con el propio.

Vengo resurgiendo...

En mi estado de cuenta,
que construyo desde la cicatriz
y no desde la herida ...
(¿Afirmación cuestionable? Claro...
Aunque siempre se puede mejorar... )

...
me hago cargo de la estrategia sibilina
del que,
a sabiendas,
de que tiene el viento a favor,
interpreta el papel de víctima
e inventa una jugada
para revertir
el ataque posterior.

Pagué mis platos rotos.
Pagué tus platos rotos.
Pagué sus platos rotos.

¿De veras los pagué? No sé...

En el epílogo de la partida,
llegaron a hablarme de
cálculo de consecuencias.

En clara desventaja
desde un inicio por número de apoyos
y haciendo gala de una estrategia atacante
afilada, la retaguardia presentaba deficiencias...
Cada cual soporta sus propias consecuencias.

Lo que sí es positivo
es... ¡cuánto aprendo de toda esta experiencia!

También...

Observo los pocos movimientos
que has hecho hacia mí desde hace ... ¿cinco años?

Mientras aquí yo me consumo, tú allí te anulas secretamente...

¿Hasta cuándo la fiesta del ventajismo, de la hegemonía
incompleta de los damnificados...?

Vengo resurgiendo
y me levantaré desde las ruínas de una tierra aplastada
y, aunque olvidarte sería una de las mejores soluciones,
no es posible
porque he amado
más de lo que está escrito.







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