Soneto para Ella

La mañana, que hace acto de presencia,
revisa el endecasílabo lento,
que cruza un fatigado mar irredento,
hacia Madame y su alta trascendencia.

La luz trae su constante persistencia,
que choca contra el casi desaliento,
convoca el tributo y el tormento,
de saber que su brillo es esencia.

Ella hace que sus ojos sean alegría,
el refugio donde el caminante para,
a saciar su sed y su melancolía.

El mapa de los astros no equipara,
lo terrenal, el tedio, la antipatía,
de este mundo que de Ella me separa.

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