Querida ausente (XCVIII)

Dich kosen

Ists möglich, daß ich, Liebchen, dich kose,
Vernehme der göttlichen Stimme Schall!
Unmöglich scheint immer die Rose,
Unbegreiflich die Nachtigall.

Goethe 

Querida ausente:

Alargar la mano
y acariciar la tuya
parece complicado en esta tarde de noviembre.

Pero pese a todo lo que nos separa,
el Oeste y el Este
no son más que puntos cardinales
y hay palabras que
construyen
el afecto
a través de los muros
conocidos.

Hemos elegido el lenguaje
de las flores,
para hablar de las horas
distantes,
la rosa que con su brillo imposible
amansa al animal fiero,
recupera el eco
de los acantilados,
donde el agua susurra
constantemente.

Hemos elegido el dulce trinar de los pájaros,
para agradar al cuervo
con el incomprensible canto
del ruiseñor,
y dedicarle al señor
de la noche
una luminosa oda al atardecer
pero...

Eso pone de manifiesto
que no hay suficiente belleza
para adornar el tiempo,
en que no estás.

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