Poemas menores

No fuí consciente de cuánto echaba
de menos a mi padre en Granada 
hasta que salía con los familiares 
de paseo.

Esa ciudad del recuerdo,
que trae algunas fotografías amables
y otras amarillentas de
albumes casi caducos,
con tíos, primos y allegados
no es la de hoy.

Cuando Alexander me llama,
oigo su voz casi apagada
tras el auricular,
pero se abre una ligera 
esperanza 
porque él y yo nos queremos,
nos hablamos
y el sabernos amados
hace de bálsamo
contra nuestra soledad. 

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