El sabio no compite

«Soy el santo, orando en la terraza, como las bestias pacíficas que pacen hasta el mar de Palestina. Soy el sabio del sillón sombrío. Las ramas y la lluvia se lanzan contra la ventana de la biblioteca».
Rimbaud 

El sabio no compite,
sólo argumenta.

Se aleja del ruído,
refuta la afrenta
con sólidos principios
de luz manifiesta.

El sabio no irrumpe,
pues espera.

De la conversación,
hace un arte,
de la que
rendir cuenta.

El sabio no siempre es erudito,
ratón de biblioteca.

Se despoja
de la máscara
mundana
de la hipocresía
que cuenta,
cómo algunos árboles
pierden
las hojas
en otoño
al igual que el infame
hace el halago fácil
para desgastar
una defensa.

El sabio
disfruta
de las pequeñas
cosas
y no las publicita.

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