El Sr. Garcia
El señor García,
natural de Puente Genil,
no iba a Lucena, ni a Loja ni a Benamejí.
Vivía en un chalet adosado
en las afueras de Madrid.
Un hombre bien plantado,
rancio abolengo,
alcurnia y pedigrí.
Su vida era una cadena
contínua de tópicos,
rutina y existencia gris.
Un buen día,
despertó de su
amplio letargo,
abrió los ojos
y vió al fin
que nunca había inventado
nada,
que todo era repetición
y continuismo,
¡¡incluso en aquel curso de paisajismo!!
Fué al ver un documental
sobre la vida de los sin techo.
Todo un hito social
de la fundación que firmaba
aquel cinematográfico trecho.
Una superproducción
patrocinada
por el fondo diocesano,
también el arzobispado,
que habían tenido a bien
invertir
el dinero
en vez de en sotanas y cetros dorados.
Por fin, el Sr. Garcia
cambió de perspectiva
y cambió la clase business
por la turista.
Viajó a Viena.
Descendió a los paraísos
del arte sinfónico,
rescató del espíritu artístico,
bellas piezas
de hermosura.
En definitiva. Se transformó.
natural de Puente Genil,
no iba a Lucena, ni a Loja ni a Benamejí.
Vivía en un chalet adosado
en las afueras de Madrid.
Un hombre bien plantado,
rancio abolengo,
alcurnia y pedigrí.
Su vida era una cadena
contínua de tópicos,
rutina y existencia gris.
Un buen día,
despertó de su
amplio letargo,
abrió los ojos
y vió al fin
que nunca había inventado
nada,
que todo era repetición
y continuismo,
¡¡incluso en aquel curso de paisajismo!!
Fué al ver un documental
sobre la vida de los sin techo.
Todo un hito social
de la fundación que firmaba
aquel cinematográfico trecho.
Una superproducción
patrocinada
por el fondo diocesano,
también el arzobispado,
que habían tenido a bien
invertir
el dinero
en vez de en sotanas y cetros dorados.
Por fin, el Sr. Garcia
cambió de perspectiva
y cambió la clase business
por la turista.
Viajó a Viena.
Descendió a los paraísos
del arte sinfónico,
rescató del espíritu artístico,
bellas piezas
de hermosura.
En definitiva. Se transformó.
Comentarios
Publicar un comentario