Ella que camina

Ella que camina
comprendió hace tiempo
lo que la paz y la calma
significaban en su vida.

Por eso se distanció
de todo lo que la atormentaba
y quiso reconducir
el curso de los acontecimientos
a una situación
amable para todos.

Pero éso no era tan posible,
pues había viajes
que ya se habían iniciado
sin acuse de recibo,
y la equidistancia
no parecía
la forma de equilibrar la balanza.

Intentó buscar la parte positiva
del ahora,
reciclar afectos,
apartar el motivo de sus preocupaciones,
y dedicarse a rellenar la plantilla diaria,
de claros, oscuros y grises momentos.

A fuego lento, un amor la esperaba,
un amor que militante,
se había enfrentado
al mundo ordenado y prudente,
a toda la maquinaria
de la cordura,
un amor
que la había sacado del comfort,
de los living room
meticulosos y almohadillados.

No temas, mi amor,
él le dijo,
también sé mantener
la compostura.

Eso espero,
ella contestó.
Pero tendrás que esperar
que la vida nos convoque
y que nos traiga
el tiempo de los dos.

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