Querida ausente (XCIX)
Querida ausente:
Haciendo balance del pasado,
he llegado a la conclusión
de que ya pagué con creces
la factura debida a mi atrevimiento.
Hay algunas cuasi-certezas
que me parecen razonables:
La estrategia para decir
adiós no fué exclusivamente una retirada.
Había que castigar la defensa por el flanco de dama
y establecer una amenaza manifiesta
contra el flanco de rey.
La dama abatida no defendería al rey blanco
y alfil y reina culminarían su acción definitiva
pero hay no quedó la partida...
Porque contar mentiras para salvarse
y dejar a los demás en una mala situación
frente a los suyos es ruín y miserable.
Sobretodo,
cuando se te abrieron las puertas de la casa,
eras bien recibida,
y tu hija era querida recibiendo todo el afecto
que era posible.
El entorno me acusó de cosas horribles.
Pero la situación se volvió insostenible
y diseñaste una estrategia
junto a tu marido,
al que todavía compadezco
y considero un hermano.
Ambos, convencidos del poder
de ser unos benefactores,
os limitasteis a seguir el plan
de vuestra gran obra.
Pero nadie es perfecto,
y Dios es el único que ha de repartir justicia.
No se puede obligar a nadie a amar
pero te he amado con toda la fuerza de mi ser.
Algo me dice que no lo has merecido.
Cuídate y hasta siempre.
Haciendo balance del pasado,
he llegado a la conclusión
de que ya pagué con creces
la factura debida a mi atrevimiento.
Hay algunas cuasi-certezas
que me parecen razonables:
La estrategia para decir
adiós no fué exclusivamente una retirada.
Había que castigar la defensa por el flanco de dama
y establecer una amenaza manifiesta
contra el flanco de rey.
La dama abatida no defendería al rey blanco
y alfil y reina culminarían su acción definitiva
pero hay no quedó la partida...
Porque contar mentiras para salvarse
y dejar a los demás en una mala situación
frente a los suyos es ruín y miserable.
Sobretodo,
cuando se te abrieron las puertas de la casa,
eras bien recibida,
y tu hija era querida recibiendo todo el afecto
que era posible.
El entorno me acusó de cosas horribles.
Pero la situación se volvió insostenible
y diseñaste una estrategia
junto a tu marido,
al que todavía compadezco
y considero un hermano.
Ambos, convencidos del poder
de ser unos benefactores,
os limitasteis a seguir el plan
de vuestra gran obra.
Pero nadie es perfecto,
y Dios es el único que ha de repartir justicia.
No se puede obligar a nadie a amar
pero te he amado con toda la fuerza de mi ser.
Algo me dice que no lo has merecido.
Cuídate y hasta siempre.
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