Querida ausente (XCVII)

Haiku improvisado:

Luz del alba. 
Café frío en la cocina.
Día comienza.


Querida ausente:

Tengo grabada la imagen
de anoche cuando mi hijo
se despedía
desde la ventana.

Pese a todo, dormí
y
al amanecer,
los primeros rayos de luz
entraban
por las persianas
de la casa.

El café frío en la cocina
me recuerda
que
este espacio que habito
está dividido por un muro invisible
y, al otro lado,
hay
un conjunto vacío
y un signo de interrogación.

El mediodía
abre la puerta
de la nostalgia de tí
y la luz ocre del otoño
despliega
su color
tras los cristales de los ventanales altos
del edificio de oficinas,
donde trabajo.

Algunos poemas
parecen
cartas con un título de urgente
y pueden provocar
la consiguiente
emoción
seguida de tensión,
malestar en quien las recibe,
pero el presente
no es más que un simple
inventario de ausencias
en la que
un lirio blanco
trae la canción
de tu papel protagonista.

Vendrá la noche.
La mariposa se posará sobre la
flor marchita del atardecer
y saldré a recorrer
las calles nuevamente,
buscando indicios de tí.




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