Querida ausente (CX): El antídoto contra la tristeza

Toque de queda 

Que íbamos  a hacer, la puerta estaba bajo guardia
Que íbamos  a hacer, estábamos encerrados
Que íbamos  a hacer, la calle habían cerrado
Que íbamos  a hacer, la cuidad estaba bajo custodia 

(...) 
Que íbamos  a hacer, estábamos desarmados 
Que íbamos  a hacer, al caer la noche desierta 
Que íbamos  a hacer, teníamos que amarnos.


Paul Éluard 


El antídoto contra la tristeza
vive en nuestro interior.

La tristeza se apropia de otros nombres
que le son ajenos, en un inicio.

A veces, se le llama distancia,
lejanía,
carta no escrita,
mar, orilla, lluvia,
calle oscura,
relámpago,
terciopelo frío,
farola mal iluminada .

Por eso, la primavera
enarbola
sus banderas
en forma de árboles frutales,
de fuentes, de flores tibias
como un abrazo,
cálidas
como un viento que a deshoras
desordenara
la ribera de los ríos
y alborotara los juncos.
De niños, recogíamos en la escuela
cardos
del monte cercano
y los alábabamos
como riqueza natural
y como armas de combate
de nuestras pequeñas
guerras contra los de sexto.

Gracias a esta estación,
ahora puedo encontrarte
en los jardines
y ofrecerte
la rosa cotidiana
pues estas manos fugitivas,
este espíritu
libre
no conocen mejor tributo
a tu hermosura.
Puedo beber de tus fuentes,
hasta saciarme
y dejar que la plácida
tarde nos purifique
y nos conmueva.

Dime Amor,
si haremos
artesanía de la arena
y nos despediremos de la tarde
con un brindis festivo,
saludando a la noche
con la postura estoica
de los que a ella regresan.

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