Querida ausente (CVI)

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra. 

Blas de Otero.

Querida ausente: 
Como decía Blas de Otero,
me queda la palabra. 
Quisiera que estuvieras 
presente,
como latido constante,
como palabra que envuelve 
a la palabra
y que tiene algo más que un 
significado hueco
de un eco provocado 
por la resonancia 
de una voz 
en el acantilado del tiempo. 
Te he llamado.
He caminado por trémulas calles
de luz difusa
y he querido percibir 
la soledad 
de los viandantes 
versus la ciudad como horizonte. 
Me he concentrado
en hacer de cada momento
una obra de arte 
y no he mirado
con celo la estrofa
que te componía.
Si habla de tí, es suficiente
y eso me basta. 
Te alabaré aunque no tenga motivos,
y en mi abnegación haya ceguera.



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