Querida ausente CXII

Querida ausente:

Mientras camino por el centro de Madrid,
unas palabras salen a mi paso,
y se juntan
con estrépito
ante mis ojos
con una combinación curiosa:

Refugio y piedad.

Desde luego, ambas son necesarias
para explicar transiciones.

Sin adoptar el papel de víctima
de un cuento clásico,
me planteo:
En nuestra sociedad,
¿qué refugio tienen los que refugian?
¿Qué piedad reciben los que son piadosos
con los demás?

No hace falta una respuesta automática.
No haría falta revertir la dirección
de nuestro viaje
porque ésta es siempre hacia adelante.

Asumir, aceptar,
y que la vida nos obsequie
con el bello y cotidiano viaje.

Estarás presente,
estando ausente,
y no sobrarán versos
y no faltarán versos
que subrayen
lo profundo de mi amor por tí.




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