Cuando llueve en domingo
<<y en ese claroscuro, surgen los monstruos>> Gramsci
Cuando llueve en domingo
y en las calles hace frío,
me viene a la mente
el inevitable asunto del respeto,
así como
el trato que le damos a aquellas personas
a las que de veras amamos
y, por las que sin duda,
daríamos más de un día de nuestra vida,
más de un minuto de nuestro tiempo libre,
y le abriríamos las puertas de nuestra casa de par en par,
En ocasiones, lo que vemos en los demás,
es el reflejo de terceras personas,
el reflejo de nosotros mismos.
No juzguemos a los que queremos
por lo que dicen, ni por lo que hacen,
no juzguemos.
Quizás sólo estaban presionados,
y en los pactos
siempre hay contrapartidas.
La paz de otros
implica el intento de destrucción de algunos.
Pero nadie está completamente destruído
si se conoce, si se sabe,
si resurge una y otra vez
desde las cenizas,
y remonta el vuelo
con alas de esperanza.
Cuando me hablabas de respeto,
me parecía curioso,
porque en el juego de las dobles señales,
eras única,
y porque te recreaste con mis sentimientos
a sabiendas.
A todos nos halaga que nos sigan.
Pero ese papel de dignidad que te confería
el estatus de mujer que se sabe amada,
lo utilizaste cruelmente.
¿Era ésta la libertad ansiada? ¿Vendrías acto seguido?
Tal vez no. Pero comenzó un periodo de aprendizaje severo
donde me haría mejor, y crecería.
Me volví escéptico de los planes de estudio,
pero no estaba mal traído.
Del deseo, vino la llama, que trajo el amor adornado de pasión,
pero todo me decía que el encuentro iba a ser postergado.
Ahora, sin señales de tí, sólo cabe esperar un milagro,
o simplemente esperar.
Desearte un buen día pese a la lluvia,
rescatar de tí todo lo que no conlleve
acuerdos de guerra,
el rostro que apunta al otro lado del espejo,
pensarte despacito
y soñarte despierto.
Cuando llueve en domingo
y en las calles hace frío,
me viene a la mente
el inevitable asunto del respeto,
así como
el trato que le damos a aquellas personas
a las que de veras amamos
y, por las que sin duda,
daríamos más de un día de nuestra vida,
más de un minuto de nuestro tiempo libre,
y le abriríamos las puertas de nuestra casa de par en par,
En ocasiones, lo que vemos en los demás,
es el reflejo de terceras personas,
el reflejo de nosotros mismos.
No juzguemos a los que queremos
por lo que dicen, ni por lo que hacen,
no juzguemos.
Quizás sólo estaban presionados,
y en los pactos
siempre hay contrapartidas.
La paz de otros
implica el intento de destrucción de algunos.
Pero nadie está completamente destruído
si se conoce, si se sabe,
si resurge una y otra vez
desde las cenizas,
y remonta el vuelo
con alas de esperanza.
Cuando me hablabas de respeto,
me parecía curioso,
porque en el juego de las dobles señales,
eras única,
y porque te recreaste con mis sentimientos
a sabiendas.
A todos nos halaga que nos sigan.
Pero ese papel de dignidad que te confería
el estatus de mujer que se sabe amada,
lo utilizaste cruelmente.
¿Era ésta la libertad ansiada? ¿Vendrías acto seguido?
Tal vez no. Pero comenzó un periodo de aprendizaje severo
donde me haría mejor, y crecería.
Me volví escéptico de los planes de estudio,
pero no estaba mal traído.
Del deseo, vino la llama, que trajo el amor adornado de pasión,
pero todo me decía que el encuentro iba a ser postergado.
Ahora, sin señales de tí, sólo cabe esperar un milagro,
o simplemente esperar.
Desearte un buen día pese a la lluvia,
rescatar de tí todo lo que no conlleve
acuerdos de guerra,
el rostro que apunta al otro lado del espejo,
pensarte despacito
y soñarte despierto.
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