En días grises de invierno

En días grises de invierno,
cuando el asfalto y el alquitrán tibio
lo decoran todo,
he visto clarear al sol
el suelo de una plaza,
donde habitan las palomas.

Tras edificios que no parecen decir nada,
se esconde
el discurso de los que una vez pudieron
decir que todo en sí
era silencio
y al silencio como axioma acudieron.

Mas esta certeza de tí
es más cierta
cuando viene a mi mente
la victoria que supone tu sonrisa,
la luz que acaricia el rastro
de un amor que hoy no es,
pero al que decidido me encamino
sin prisa pero sin pausa.

Tu rostro de amante no está desfigurado
por palabras que otros dijeron,
ni
es menos el brillo de tus ojos,
que como estrellas fulgen en la noche de febrero.

Guíame y yo me salvaré
sin profecías

Vendrá un tiempo en que nos abrazaremos

Los naranjos no estarán vacíos
y los manzanos
nos ofrecerán su coartada

¡Resurge, irradia, restalla como sólo tú sabes hacerlo!

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