Tu regalo de libertad
Querida ausente:
Echarle la culpa a alguien
siempre es un recurso fácil
y en eso muchos hemos sido especialistas.
Cuando algo no funciona,
cuando un asunto se acaba
y la conclusión no fue placentera
buscamos al culpable de todos los males
y, como en una crónica policial,
cerramos el caso.
Pero la realidad es otra,
todos somos responsables de lo que nos ocurre
de manera directa.
En la historia que nos ocupa,
vinimos a corroborar algunas inconsistencias
que ya existían,
fuíste la punta del iceberg
de prácticas que se realizaban
bajo el nombre de matrimonio,
pero nadie dió testimonio,
nadie puso sobre la mesa
nombres de ciudades o fechas en el calendario,
y en tu afán esclarecedor,
quizás explicaste un fragmento de la historia
sin dotar a la narración
de la completa escena más amplia.
No tuviste problema
en apretar el gatillo de las palabras
y enseñarme la lección que necesitaba
a partir de tus confesiones
bien elaboradas
sobre lealtad y obediencia avanzada.
En tu regalo de libertad,
faltaban las palabras,
las rosas que pusimos sobre el banco del jardín,
pero había una canción que sembraba futuro
que nos llenaba de ilusión y esperanza.
Creer en esa canción si todavía existe
y que se renueva cada día
con una canción nueva
invocando a la alegría presente.
Echarle la culpa a alguien
siempre es un recurso fácil
y en eso muchos hemos sido especialistas.
Cuando algo no funciona,
cuando un asunto se acaba
y la conclusión no fue placentera
buscamos al culpable de todos los males
y, como en una crónica policial,
cerramos el caso.
Pero la realidad es otra,
todos somos responsables de lo que nos ocurre
de manera directa.
En la historia que nos ocupa,
vinimos a corroborar algunas inconsistencias
que ya existían,
fuíste la punta del iceberg
de prácticas que se realizaban
bajo el nombre de matrimonio,
pero nadie dió testimonio,
nadie puso sobre la mesa
nombres de ciudades o fechas en el calendario,
y en tu afán esclarecedor,
quizás explicaste un fragmento de la historia
sin dotar a la narración
de la completa escena más amplia.
No tuviste problema
en apretar el gatillo de las palabras
y enseñarme la lección que necesitaba
a partir de tus confesiones
bien elaboradas
sobre lealtad y obediencia avanzada.
En tu regalo de libertad,
faltaban las palabras,
las rosas que pusimos sobre el banco del jardín,
pero había una canción que sembraba futuro
que nos llenaba de ilusión y esperanza.
Creer en esa canción si todavía existe
y que se renueva cada día
con una canción nueva
invocando a la alegría presente.
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