La fiesta de las vanidades
Vanitas vanitatis et omnia vanitas , posiblemente del Eclesiastés
Hay organizaciones
que surgen
por un alarido, por un grito cuyo retumba en el desierto,
y entonces viene el efecto llamada:
todos y todas se unen en una respuesta masiva,
se colapsan las plazas,
los políticos se alarman,
se convoca a la policía,
se genera el estado de sitio en el peor de los casos.
Poco a poco, el mayo Francés
va haciendo de guía,
y las naranjas de la China,
parecen las directoras de la orquesta.
Después viene la campaña de desgaste,
las orgias de la identidad
en estado mayúsculo,
los egos que se exaltan
como hogueras
underground del barrio de Malasaña.
Lo alternativo, la nouvelle cuisine,
el art deco, el socialismo útil de diseño
copiando el modelo escandinavo.
Grandísimo Olof Palme...
Pero mejor abonarse a la estela del poeta Gracián
y a la del dirigente comunista italiano Berlinguer.
Convendremos...
En que es complicado
construir el futuro de un país
si se entra en la fiesta de las vanidades,
que claramente tiene los días contados.
¿Gafas de pasta, ginebritas por el centro,
o la sólida elaboración del bien común,
desde los cimientos
y el inframundo de las ciudades?
Hay organizaciones
que surgen
por un alarido, por un grito cuyo retumba en el desierto,
y entonces viene el efecto llamada:
todos y todas se unen en una respuesta masiva,
se colapsan las plazas,
los políticos se alarman,
se convoca a la policía,
se genera el estado de sitio en el peor de los casos.
Poco a poco, el mayo Francés
va haciendo de guía,
y las naranjas de la China,
parecen las directoras de la orquesta.
Después viene la campaña de desgaste,
las orgias de la identidad
en estado mayúsculo,
los egos que se exaltan
como hogueras
underground del barrio de Malasaña.
Lo alternativo, la nouvelle cuisine,
el art deco, el socialismo útil de diseño
copiando el modelo escandinavo.
Grandísimo Olof Palme...
Pero mejor abonarse a la estela del poeta Gracián
y a la del dirigente comunista italiano Berlinguer.
Convendremos...
En que es complicado
construir el futuro de un país
si se entra en la fiesta de las vanidades,
que claramente tiene los días contados.
¿Gafas de pasta, ginebritas por el centro,
o la sólida elaboración del bien común,
desde los cimientos
y el inframundo de las ciudades?
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