Poemas de la noche
Cuando la ciudad
en la noche nos recibe
como hijos
y nos deja escribir poemas
con su cálida ternura,
nosotros,
pasamos por las teclas
sin la rigidez propia
del aprendiz de orfebre.
Entonces una idea,
es sólo una lucecita,
y
la luz del fluorescente
es sólo un paisaje más
de tantos paisajes.
Me he visto renacer
tras una pequeña decepción
y sorprenderme
frente a los profetas
de este tiempo
que predican brevedad,
minimalismo
y superficialidad sin frontera.
Quizás
es que pidamos demasiado
a esta época de paréntesis inconclusos.
Antología no parece ser la palabra.
Llamémosle intento de poema.
Un viento del pasado me viene a decir:
Recuerdo tu voz entre tantas voces.
Recuerdo el brillo de tus ojos entre tantas miradas.
en la noche nos recibe
como hijos
y nos deja escribir poemas
con su cálida ternura,
nosotros,
pasamos por las teclas
sin la rigidez propia
del aprendiz de orfebre.
Entonces una idea,
es sólo una lucecita,
y
la luz del fluorescente
es sólo un paisaje más
de tantos paisajes.
Me he visto renacer
tras una pequeña decepción
y sorprenderme
frente a los profetas
de este tiempo
que predican brevedad,
minimalismo
y superficialidad sin frontera.
Quizás
es que pidamos demasiado
a esta época de paréntesis inconclusos.
Antología no parece ser la palabra.
Llamémosle intento de poema.
Un viento del pasado me viene a decir:
Recuerdo tu voz entre tantas voces.
Recuerdo el brillo de tus ojos entre tantas miradas.
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