Tempus fugit

Verdor nuevo los espinos
Tienen ya por la colina,
Toda de púrpura y nieve
En el aire estremecida.
Cuántos ciclos florecidos
Les has visto; aunque a la cita
Ellos serán siempre fieles,
Tú no lo serás un día.
Antes que la sombra caiga,
Aprende cómo es la dicha
Ante los espinos blancos
Y rojos en flor. Ve. Mira.

Luis Cernuda Los Espinos 

Tempus fugit, amor mío.
Pero en esta geografía de calles solitarias,
bancos vacíos en la avenida,
columnas de un partenón cualquiera,
equidistantes en su distribución y 
que contemplan 
estanques calmos 
acariciados por la luz de farolas taciturnas 
y la que proviene de los faros de taxis 
que recogen a pasajeros trasnochados, 
la vida parece haberse acostumbrado 
a la fiesta de lo exagerado 
donde cambian las formas pero no la esencia. 

El invierno desfila 
con su ejército gélido
aunque no es tan poderoso 
para detener la construcción de la primavera, 
que parece trabajar a deshoras 
en alacenas no descuidadas. 

De la experiencia,
hemos extraído
el significado de las palabras amables
como tesoro incalculable,
y el aprendizaje del soltar 
como forma de amor desinteresado
y del que ya creíamos saber algo
pero esta es verdadera prueba de fuego. 

De los espinos blancos de Cernuda,
enarbolamos la brevedad 
como si fuera una efímera bandera,
donde dejar reposar 
las esperanzas que aún restan.
Las que se extinguieron más allá
de los muros de la frontera 
quedaron atrás
donde sirenas inocentes 
despedían el atardecer 
haciéndonos peces de mar abierto. 







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