En esa frontera que delimita

En esa frontera que delimita
el primer hielo del alba,
cuando el invierno maneja sus hilos 
con la habilidad de un titiritero 
en un espectáculo callejero,
hay un sol que se abre paso 
entre las nubes 
con la timidez propia 
de la estación melancólica. 

El mundo subterráneo de vagones 
y presencias ajenas y cercanas 
es sólo testimonio 
de lo inevitable del cambio contínuo,
de lo irrefrenable,
de lo inexorable
del tiempo que huye
e irremediable, pasa. 

Cuando en la superficie, 
cruzo una calle 
y el buen recuerdo de tí 
se instala 
en la estancia adecuada 
de la casa de huéspedes de la mente,
me entran ganas de ponerme a escribirte 
un poema, un poemario o varios. 

Entonces me planteo 
los efectos que mis palabras 
crean 
y si esta energía en fabricar el amor
tras la música de un verso
no es derrochada. 

Reina en tu mundo solitario, 
¿sobrepasaste el umbral 
de los que son tan alabados 
que no necesitan para nada 
a los que los alaban? 
¿De los que son tan amados 
que no aman a los que los aman?  

Pues, en tal caso, 
te amaré sí pero haré una pausa,
de dos o tres segundos,
para continuar con la estrofa 
que me embriaga
casi tanto como tus ojos 
cuando se juntan con los míos
anticipando jugadas. 




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