El último que cierre la puerta

Sin entrar en la guerra estéril
de revisar el pasado,
por favor, el último que cierre la puerta.

Llámese redentorista, misionero cartesiano,
espiritual alma libre encadenada
a los criterios
del beaterio y el sursum corda latino.

El benjamín de la saga,
maestro en los suburbios,
garante
de la estupidez de sus ancestros,
no podía por más que
refutar lo irrefutable,
proponer una escuela alternativa
en la que la progresía
se quede de lado
y la cadena se cierre a sí misma.

Bravo. Rezan las consignas
y lo absurdo de la ciudad absurda
restalla en lo restallable.

Cambiar algo para que nada cambie.

La única envidia sana que le tengo es su toque de balón...

Ya se preparan los paquetes de pasteles
envueltos con un lazo, a lo mejor diría Luis García... Montero.

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