La misión mesiánica de los salvadores
Uno no puede sino ser algo escéptico,
en una primera instancia,
sobre la misión mesiánica de los salvadores,
de aquellas personas que se erigen
en líderes irrevocables
que dicen curar al pueblo,
de sus enfermedades seculares
como la avaricia, la desidia, la cobardia, la tristeza
o la pobreza.
A todo Mesías le corresponde su huerto de Getsemani,
y una serie de discípulos, o solidarios braceros,
de los cuales siempre
alguno
lleva el código de la traición
tras sus palabras, grabado a fuego.
Los pueblos son gobernados
por gentes que pretenden sacar de ellos beneficios,
y las luchas justas deberían ser siempre
objeto de admiración
pero no empatizan
con las gentes que indiferentes
conciben las revueltas como ruído.
Unos porque dejaron de creer en aquellas ideas
que algún les hicieron
reflexionar sobre el orden establecido.
Otros porque nunca llegaron a alcanzar tales ideas.
Los de más allá porque aún sabiendo
que algo de razón tienen nuestros superhéroes cotidianos
no moverían un dedo
por la palabra humanidad en su conjunto
y prefieren adherirse a la idea pequeño-burguesa
del bien común y a no quebrar el status quo.
La calculadora social entonces funciona
si y sólo si aborda el gran negocio de la mayoría
aunque todos prefieran la insolidaridad como moneda de cambio.
en una primera instancia,
sobre la misión mesiánica de los salvadores,
de aquellas personas que se erigen
en líderes irrevocables
que dicen curar al pueblo,
de sus enfermedades seculares
como la avaricia, la desidia, la cobardia, la tristeza
o la pobreza.
A todo Mesías le corresponde su huerto de Getsemani,
y una serie de discípulos, o solidarios braceros,
de los cuales siempre
alguno
lleva el código de la traición
tras sus palabras, grabado a fuego.
Los pueblos son gobernados
por gentes que pretenden sacar de ellos beneficios,
y las luchas justas deberían ser siempre
objeto de admiración
pero no empatizan
con las gentes que indiferentes
conciben las revueltas como ruído.
Unos porque dejaron de creer en aquellas ideas
que algún les hicieron
reflexionar sobre el orden establecido.
Otros porque nunca llegaron a alcanzar tales ideas.
Los de más allá porque aún sabiendo
que algo de razón tienen nuestros superhéroes cotidianos
no moverían un dedo
por la palabra humanidad en su conjunto
y prefieren adherirse a la idea pequeño-burguesa
del bien común y a no quebrar el status quo.
La calculadora social entonces funciona
si y sólo si aborda el gran negocio de la mayoría
aunque todos prefieran la insolidaridad como moneda de cambio.
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