Por caminos de invierno

Por caminos fríos
propios del invierno
 en los que los petirrojos
hacen de cada rama
una posada,
hay una perspectiva del estadio olímpico
en un sendero
destartalado y árido
más allá de una explanada
en la que la gente
deposita sus escombros cotidianos
al margen de la limpieza
que las calles y
los campos
domesticados necesitan.

Por calles transitadas
las tiendas sacan sus muestrarios al exterior
y los hombres y las mujeres
andan deprisa
para resguardarse del frío tras el umbral
de alguna cafetería.

Hay también personas que compran los periódicos,
hay gentes que hacen números
sobre la mesa de un bar
y le asignan a esa contabilidad financiera
improvisada
el adjetivo de prudente.
Asimismo,
se pueden observar
autobuses
que rehacen la vía acostumbrada;
solitarios que pasean
como naves silenciosas
sin faros de medianoche que los vigilen
ni los protejan
de la inclemencia del mar de las horas,
pero ellos mismos se defienden
del oleaje,
de la enrededadera de las acacias
cuando se entrevé en los muros del barrio
cercano al puerto;
aspirantes a espartanos
que corren
para estar bien consigo mismos,
para mejorarse y estar en armonía con la naturaleza.

Por cualquier rescoldo
de la realidad visible e invisible,
amamos la vida
en cualquiera de sus manifestaciones.








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