La lluvia no es para tanto
Hace frío en la ciudad
pero la lluvia no es para tanto.
Tras los cristales
se ve su rastro,
y un atardecer de tibias nubes
seguido de una luz dorada
ilumina los coloristas edificios de las afueras.
En la oficina, recojo el escritorio
y, como de costumbre,
saludo a los compañeros
y a las compañeras de oficina
deseándoles un buen fin de semana.
Cuando regrese al barrio,
no me encontraré con mi soledad aceptada
porque sentirse solo es sólo una circunstancia
y ya convivo con ella
a diario. Apenas duele.
Sobre tu recuerdo,
no haré nada
porque vive en mí.
Inquilino casi constante
del edificio de mi mente
que construye
la emoción
y de la cual se deriva el sentimiento.
pero la lluvia no es para tanto.
Tras los cristales
se ve su rastro,
y un atardecer de tibias nubes
seguido de una luz dorada
ilumina los coloristas edificios de las afueras.
En la oficina, recojo el escritorio
y, como de costumbre,
saludo a los compañeros
y a las compañeras de oficina
deseándoles un buen fin de semana.
Cuando regrese al barrio,
no me encontraré con mi soledad aceptada
porque sentirse solo es sólo una circunstancia
y ya convivo con ella
a diario. Apenas duele.
Sobre tu recuerdo,
no haré nada
porque vive en mí.
Inquilino casi constante
del edificio de mi mente
que construye
la emoción
y de la cual se deriva el sentimiento.
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