Ya conocí las horas oscuras

UNA MUJER Y UN HOMBRE, de Juan Gelman
Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.

Ya conocí las horas oscuras, 
cuando las calles no eran hospitalarias, 
y los campanarios tocaban a deshoras 
con su trémulo compás discordante. 

En su transcurso,
abrazaba sombras,
quería reconocer en otras presencias 
algo de tí pero no era posible. 

De los golpes duros, 
de los que hablaba Vallejo,
se aprende y se continúa aprendiendo.

Tu recuerdo se eleva
sobre los demás recuerdos. Levita
y
todavía lo hace sin pedir permiso. 

Te buscaba entre la muchedumbre 
con la impaciencia 
y la tristeza de un niño que hubiera perdido su juguete,
o como aquél que viera alejarse el globo 
que le hubiera comprado su madre. 

Pero toda situación, tiene una contrapartida. 
También tuve momentos dulces 
como los caramelos de fresa, 
pequeños éxitos
y dignas derrotas 
que contribuyeron a ensalzar 
mi espíritu combativo. 

Porque hay que intentar e intentar 
y seguir intentándolo. 

Por eso me adhiero al ahora,
y restablezco 
el torcido orden 
del renglón ortodoxo. 

Sobre la piedra del verso,
esculpo estrofas de mañanas tibias 
donde saldo cuentas 
con el pasado
y me emancipo de la pesada carga 
del ayer. 

Construyo un lugar pacífico y agradable 
donde estar 
y al que eres bienvenida
comprendiendo
motivos
que te mantienen ocupada, 
los mecanismos 
que hacen que te mantengas lejos
pero nada será para siempre
y lo que hoy parece inmutable,
mañana es posible que cambie. 

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